Los diabéticos necesitan cuidar mucho de sus pies para evitar complicaciones. Si adoptas una buena rutina para el cuidado de tus pies y utilizas los consejos que te presentamos en este artículo, puedes mantener a raya muchos de los problemas relacionados con la diabetes.

 

Mantén tus pies lo más limpios posible.

Evita usar zapatos abiertos, especialmente si vas a salir a la calle. Usa siempre un par de medias limpias y lava tus pies a menudo si es que sudan. La mejor forma de evitar infecciones es la limpieza. Es una buena idea el invertir en un equipo de limpieza para pies diseñado especialmente para diabéticos. Si vas a estar fuera de casa durante mucho tiempo, procura llevar contigo un paquete de toallitas húmedas para refrescar tus pies en caso de ser necesario.

 

Seca cuidadosamente tus pies con una toalla limpia después de lavarlos.

El agua suaviza la piel de tus pies, lo que significa que las bacterias se pueden acumular más fácilmente. Si vas a la playa o la piscina, utiliza zapatos protectores que ayuden a mantener tus pies lo más secos posible. Los pies mojados también pueden alterar el equilibrio natural de tu piel y causar que no produzca la cantidad necesaria de aceites para mantenerse humectada.

 

Hidrata tus pies.

La piel reseca es más propensa a producir heridas, ampollas y callos. Puedes evitar estas complicaciones manteniendo tus pies hidratados. Aplica una buena loción hidratante cada mañana y cada noche. Hay productos diseñados especialmente para la diabetes, deberías comprar uno de estos en lugar de una loción normal de belleza. Es muy importante estar atento y reconocer la diferencia entre piel seca y pie de atleta: el pie de atleta se produce por un hongo que hace que tu piel se vea roja y escamada.

 

¡Cuidado con algunos tratamientos!

Los baños aromáticos para pies pueden sonar muy tentadores, pero no son una buena idea. Si mantienes los pies en el agua por mucho tiempo, se suavizará tu piel y alterarás su equilibrio natural. Además, los productos que se utilizan en estos baños pueden causar irritación y producir comezón y piel seca. En lugar de un baño para pies, deberías lavar tus pies con agua tibia y un jabón antibacteriano, enjuaga muy bien y seca tus pies con una toalla limpia inmediatamente.

 

Mantén tus uñas cortas y limpias.

Si no cuidas de tus uñas, puedes contraer infecciones, uñeros y otras complicaciones. Si descubres que tus uñas no están sanas, busca un par de zapatos más cómodos y corta y limpia tus uñas a diario. Incluso si tus uñas se encuentran bien, deberías revisarlas cuidadosamente una vez a la semana. Asegúrate de que las herramientas que utilizas estén adecuadamente esterilizadas.

 

Recuerda que cualquier herida o ampolla es un centro de infección.

En el peor de los casos, una infección puede desarrollar gangrena y causar graves complicaciones en el pie. Para evitarlo, utiliza zapatos protectores que te queden bien, medias cómodas y evita cualquier situación en la que te puedas dañar los pies. Si notas una herida, límpiala a diario y acude al médico para asegurarte de que se cure adecuadamente. La piel roja y adolorida puede ser una señal de infección o de un zapato que no te queda bien. Acude al médico para que te revise los pies y recibas medicamentos para tratar la infección si es necesario.

 

Si notas algún problema en tus pies, acude al médico inmediatamente.

 

Crea buenos hábitos para cuidar de tus pies y revísalos frecuentemente; siempre evita cualquier tipo de problema con tus pies para mantener a raya cualquier infección.

 

Esperamos poder haberte ayudado con estos breves consejos.

¡Un atento saludo del equipo Koana!

Sobre El Autor

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